Por Julián Larrea

Hace ya algunos años que me ha tocado ver cómo se está desarrollando la tecnología de impresión 3D en el mundo y en nuestro país. Por mi trabajo me toca seguir el desarrollo de este tipo de tecnología y he visto que ya existen equipos a precios que hacen más viable que las empresas puedan empezar a ofrecer este servicio para la elaboración de maquetas para construcción, diseño industrial o arquitectura.
No quiero comentar las bondades actuales de esta nueva técnica, sino los cambios que podría generar su desarrollo en nuestro diario vivir, lo cual, creo yo, es bastante alucinante.
¿Qué es impresión 3D? No es más que la reproducción en tres dimensiones y a todo color de algún prototipo hecho con una precisión milimétrica en diferentes materiales y técnicas, en general con resistencia y dureza acordes a lo que el prototipo pretende representar.
Actualmente se usan para maquetas de productos que se pretenden lanzar al mercado, envases, maquetas de edificios o instrumental médico de precisión. Pero esta técnica tiene posibilidades infinitas que podrían cambiar para siempre nuestra forma de innovar o crear cosas nuevas.
Hasta ahora cualquiera de nosotros tiene en su cabeza un simple paradigma a la hora de enfrentar una necesidad; buscamos aquello que ya existe para solucionar nuestro problema. Por ejemplo, necesitamos comprar un repuesto para la bicicleta, vasos y cubiertos para el comedor, o un contenedor para guardar lápices.
El proceso se inicia con la búsqueda del producto; quizás sepamos exactamente lo que queremos o tengamos solo una idea, el tema es que nuestro proceso es completamente pasivo, buscamos entre lo que ya existe para satisfacer nuestras necesidades.
Jugando un poco a predecir el futuro, puedo imaginar una evolución en 4 etapas:
Etapa 1. El centro es el diseño: si los centros de impresión digital actuales y los futuros 3D siguen su desarrollo, lograrán reproducir piezas en diferentes materiales con rapidez y a precios accesibles, lo que generará que para las personas sea una opción fabricar sus piezas en vez de comprarlas hechas, los consumidores de adopción temprana de tecnología (early adopters) que tengan conocimiento de cómo usar las herramientas indicadas podrán diseñar sus propios objetos logrando así un nivel de exclusividad valorado por muchos de sus iguales. Esto hará que este modo de producción comience a ser popular, aunque por mucho tiempo será privilegio de pocos, pues el proceso es complejo y demoroso.
Etapa 2. Vender diseños, no productos: como solo algunos consumidores tendrán los conocimientos para diseñar sus propias piezas, el paso siguiente lógico es que comiencen a vender sus diseños. Comenzarán las primeras tiendas de diseños de objetos de la misma manera que hoy ocurre con la impresión convencional.
Etapa 3. Herramientas más intuitivas y completas: con el paso del tiempo, las posibilidades de reproducción se van haciendo más precisas y variadas. Colores y materiales son cada vez mejores y de mejor calidad, los software para el diseño de piezas se van haciendo más intuitivos y con mejores herramientas para diseños, más y más diseñadores se ponen de cabeza a hacer más diseños, tanto para ellos mismos como para venderlos a otros, proliferan las tiendas virtuales de diseño, conectadas con las fábricas de impresión 3D que hacen posible esta nueva forma de vender sus creaciones. El concepto cambiará por completo, uno podrá ir a una tienda a elegir un diseño, el producto se fabricará en la misma tienda o en la fábrica que uno elija.
Paso 4. Diseños ultra personalizados y vuelta a la fabricación local: En vez de buscar a una empresa o un producto ya hecho se buscará a una persona que sepa diseñar o adaptar un diseño a necesidades particulares. Esto crea un fenómeno increíble. Los objetos que nos rodean son diseñados por un empleado en una oficina en Europa o EE.UU. y fabricados por millares en una fábrica en China, ninguno de los cuales sabe dónde queda tu ciudad ni menos tu casa, ni si te gusta el rojo, el verde o el ocre. Nos basamos en modas impuestas por un “product manager” que hace una campaña para convencernos que el rojo “la lleva” y que los próximos 3 meses todo será con ese color.
Desde ahora, la fabricación local competirá con la global pero con otras herramientas, ya no es solo el precio, sino la ultra personalización, la diferenciación y los tiempos de respuesta casi inmediatos los que harán que los usuarios se inclinen por estas opciones.
El mundo no tendrá una moda, sino miles, las personas se convertirán en “creadoras” en vez de “compradoras” de objetos. Las opciones para los creativos serán más y mejores; las oportunidades ya no estarán al lado de las fábricas, sino al lado de los clientes. La conexión será inmediata y 100% local. Los consumidores actuales pasarán de ser un comprador pasivo, que satisface sus necesidades comprando objetos creados por otros, a un comprador activo, que crea objetos únicos para solucionar sus problemas y los de otros.
Sería bueno preguntarle la opinión a Adam Smith y a Karl Marx acerca de este fenómeno, ¿no?








